Lascivas y promiscuas

La biografía es una de las vías para escribir la historia de las mujeres y aproximarse a las artistas del pasado y del presente. Pero ¿qué persona merece ser biografiada? Aquella aceptada por la comunidad y considerada una figura relevante en un ámbito o campo concreto. Se escriben las biografías de personas excepcionales, pero para que las féminas alcancen esa excepcionalidad han debido transgredir un modelo de mujer, dedicándose a actividades que les han sido vetadas. En las biografías de mujeres artistas se insiste en sus problemas personales y en circunstancias que poco o nada tienen que ver con su trabajo artístico, y que habitualmente no se recogen en las biografías dedicadas a hombres. Entonces ¿cómo deben escribirse estas biografías? Aunque la historiografía clásica las ha presentado como una excepción, mujeres artistas han existido siempre, por tanto resulta un error considerar que la fémina en el campo de las artes es algo poco habitual. Desde que en la década de los setenta del siglo XX se inició el proceso de recuperación de la obra de mujeres artistas del pasado, han sido publicados numerosos estudios y monografías, constatándose una tendencia a incluirlas en libros y ensayos, la mayoría de las veces de manera forzada y con consideraciones poco apropiadas. Se ha ofrecido una visión rígida de la categoría “mujer artista”, creándose un estereotipo bajo el cual quedan fuera de toda consideración las variadas experiencias de las mujeres que son el resultado de la interacción de factores como el género, la clase social, la orientación sexual, la educación o la religión. En numerosas ocasiones las interpretaciones sobre la obra de una artista están fuertemente mediatizadas por su condición de mujer, con explicaciones psicologistas en las que se pone el acento en aspectos personales sin atender a otro tipo de factores, más allá de la vida de la artista. La maternidad o los lazos familiares son importantes para la vida de una persona, pero la exageración de lo personal en las biografías de las artistas resulta un peligro, pues no deja lugar a otro tipo de cuestiones en el análisis de sus trayectorias artísticas.

Artemisia Gentileschi, Autorretrato como mártir.
Artemisia Gentileschi, Autorretrato como mártir.

La biografía de la pintora italiana Artemisia Gentileschi (1593-1653), muy difundida aunque poco documentada, ejemplifica de forma clara el caso de una artista cuya obra ha sido analizada a partir de un escabroso episodio de su vida: la violación de la que fue objeto por parte del pintor Agostino Tassi. En 1963, el matrimonio formado por los historiadores del arte Rudolf y Margot Wittkower publica el libro Nacidos bajo el signo de Saturno. Genio y temperamento de los artistas desde la Antigüedad hasta la Revolución francesa, con un capítulo dedicado a la pintora, titulado “Agostino Tassi, seductor de Artemisia Gentileschi”. En él sus autores califican a la pintora de “joven lasciva y precoz”, destacando por encima de cualquier otro aspecto, que fue violada cuando contaba quince años de edad”, aunque “tuvo luego una carrera distinguida y muy honorable como artista”.

En Vidas de los grandes artistas del siglo XX (1999), el historiador del arte británico Edward Lucie-Smith, biografió a un total de 100 artistas de los que únicamente 14 son mujeres. En la mayoría de estas 14 biografías aparece la omnipresente tutela y guía de algún hombre de su entorno, incluyendo pasajes de las vidas de sus compañeros. Uno de los aspectos en los que más insiste el autor es en la transmisión de anécdotas, en ocasiones escabrosas, mostrando además gran interés por la vida amorosa y sexual y profundizando en detalles sobre sus muertes. Lucie-Smith ignora las condiciones sociales en las que estas artistas produjeron sus obras, no llegando siquiera a plantearse la posibilidad de que estén en relación con las de otras artistas del pasado.

Frida Kahlo en el Instituto de Arte de Detroit, 1932.
Frida Kahlo en el Instituto de Arte de Detroit, 1932.

De la biografía de Frida Kahlo (1907-1954), una de las pintoras más biografiadas de la historia, destaca el autor hechos como la amputación de una pierna (“por debajo de la rodilla. Fue un golpe terrible para alguien que tanto había invertido en la elaboración de su propia imagen”), su muerte (“aparentemente fue a causa de una embolia, pero los que estaban cerca de ella sospechan que había encontrado un procedimiento para suicidarse”), sus relaciones con hombres (“a André Bretón le habría gustado tener una relación sentimental con Frida Kahlo, pero lo cierto es que ella no se sintió atraída por él”) y su vida sexual (“Kahlo inició una serie de relaciones con hombres y mujeres que iban a continuar durante el resto de su vida. Rivera soportaba mejor las relaciones lésbicas de su mujer que las heterosexuales, que despertaban en él violentos celos”).

Todos estos comentarios demuestran que, en ocasiones, el rescate y recuperación de mujeres artistas y su inclusión en monografías queda justificada si lo aconvencional ha marcado sus vidas. De sus biografías interesan las relaciones amorosas, los episodios morbosos y los escándalos, en definitiva un conjunto de cotilleos con los que se insiste en una idea concreta: las artistas han sido y son, por encima de todo, mujeres.

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