Conversación con Regina José Galindo

Conversación con Regina José Galindo publicada el 23 de mayo de 2013 en m-arte y culturavisual (http://www.m-arteyculturavisual.com/2013/05/24/conversacion-con-regina-jose-galindo/)

Yolanda Peralta Sierra y Regina José Galindo, Tenerife, 2012. Foto Emilio Prieto.Regina José Galindo (Guatemala, 1974) es una artista de lo corpóreo, del arte de acción, del arte de protesta. Critica el canon de belleza occidental, el machismo, la violencia contra las mujeres, las formas de represión que ejerce el Estado sobre los individuos, en un arco temporal que une, en muchas de sus acciones, el pasado con el presente. Su discurso es artístico, pero a su vez profundamente político y feminista, con un carácter global que traspasa fronteras y un lenguaje estético y simbólico que emplea para denunciar la violencia  latente en las sociedades contemporáneas. Con motivo de su primera exposición individual en España, Piel de gallina, comisariada por Blanca de la Torre y coproducida por ARTIUM (Vitoria), TEA-Tenerife Espacio de las Artes y CAAM (Las Palmas de Gran Canaria), tuvimos la oportunidad de charlar con ella. Tras su paso por ARTIUM y TEA, en el verano de 2013 la muestra podrá visitarse en el CAAM.

 

Yolanda Peralta Sierra: ¿Qué le ofrece la performance y el trabajo con el cuerpo frente a otras disciplinas, a la hora de desarrollar su discurso artístico?

Regina José Galindo: El performance ofrece el beneficio de que se maneja la energía como en un campo directo. Son cuatro dimensiones. La energía que traspasas al hacer un performance no es la misma energía que traspasas cuando haces una pintura, o cuando el público ve una pintura, o cuando haces una escultura o empleas un medio tradicional. Básicamente es la vida misma la que se traspasa o la que se puede conectar entre el público y el mismo artista.

YPS: En el año 2005 obtiene el León de Oro a la mejor artista joven latinoamericana en el marco de la Bienal de Venecia. ¿Qué supuso para usted la obtención de este galardón?

RJG: Un cambio de vida. No repercutió instantáneamente en un beneficio económico, pero me dio la posibilidad de poder vivir como artista. En ese mismo año que me gano el premio empiezo a trabajar con una galería y se me abren innumerables, cantidad de puertas y es el momento en el que decido por fin dejar de trabajar en una agencia de publicidad e intentar descubrir si es posible ser artista en el Tercer Mundo y poder trabajar  de eso. Y poco a poco las persianas se fueron abriendo más y más y sí, fue una pauta que me cambió.

YPS: En relación a esto ¿qué opinión le merecen las instituciones artísticas y qué tipo de relaciones mantiene con ellas?

RJG: Siempre he tenido una buena relación con la institución. A pesar de que soy muy rebelde, pienso que la precisión y la claridad en tu trabajo es ser siempre profesional. Eso y mantener muy claras cuáles deben ser las reglas del juego hace que todo pueda fluir en el trabajo. Creo que un artista no podría vivir sin la institución a menos que quieras ser un ermitaño, así que la negociación es básica, y nunca me he enfrentado a una curadora o a una institución que me haya tratado de manipular o que haya censurado o que haya sido negligente, así que mis relaciones siempre han sido positivas.

YPS: ¿Qué papel juega la poesía en su trabajo performativo?

RJG: Es básica, es central, es la raíz de todo mi trabajo. Permea no sólo mi pensamiento, sino mi trabajo. Soluciona todas mis ideas. Primero llega una idea, luego la concreto a través de las palabras y cuando llego a concretar un texto con síntesis veo que tiene potencial como imagen. Es la columna vertebral de todo.

YPS: ¿Su obra rebela y denuncia injusticias sociales que parten del contexto geográfico de su  país, Guatemala, pero que son extrapolables a otras realidades. Sin embargo, usted ha declarado en más de una ocasión que no se considera una activista. ¿No le resulta una contradicción?

RJG: No. Yo siempre he aclarado porqué no me considero activista. No es una cuestión de negación hacia el medio. Es un medio al cual yo le tengo mucho respeto. Ser activista en mi país requiere que los individuos asuman ciertos riesgos que un artista no tiene que asumir. Un artista trabaja en un campo más ambiguo, más abstracto, mientras que un activista va de frente, en contra del Estado y su objetivo no es hacer arte. Un activista utiliza el arte o los medios artísticos, o la poesía para conseguir objetivos más específicos, mientras que un artista utiliza estrategias activistas, filosóficas, esotéricas o de cualquier otro campo para hacer un trabajo artístico pero el objetivo es básicamente hacer una imagen, hacer una acción, hacer una experiencia con finalidades estéticas. O sea que hay una bifurcación: no es que los campos no se encuentren nunca, pueden surgir desde la misma raíz, pero se bifurcan en cuanto a la intencionalidad del individuo a la hora de crear y no me parece una contradicción. A mí me parece difícil y no sé en realidad como será con cualquier artista de cualquier país, pero poco a poco voy entendiendo que se espera que cualquier artista de Latinoamérica sea activista. Siempre se le está adjuntado esta etiqueta. Es más factible que un artista de Alemania tenga intenciones políticas, pero se le considera artista. Y es mucho más difícil apelar a la categoría de artista si tienes esta conciencia política en el contexto latinoamericano. Es un campo de etiquetas muy delicado.

YPS: Sus acciones y performances han sido presentadas en muchas ocasiones en el contexto o en el marco de los discursos del arte feminista. ¿Calificaría  usted su trabajo de feminista?

RJG: Sí. Soy feminista. Creo que una mujer tan clara no hace concesiones. Desde todo punto de vista todo lo que haces, lo haces bajo esta premisa. Es la forma en que haces tu arte, es la forma en la que educas a tu hija, es la forma en la que te conduces en el día a día. Una mujer es feminista, es autónoma, es independiente, tiene claro lo que quiere conseguir en la vida: es esta igualdad y esta negociación. Ser feminista te acompaña, no es una sombra, al contrario, es una ganancia, es un apoyo en tu vida.

YPS: El poder y las relaciones de poder es un tema que articula buena parte de su discurso artístico ¿Cómo plantea y desarrolla este tema en su trabajo performativo?

RJG: Básicamente lo que más me interesa es investigar sobre esta triada. La víctima, el victimario y el autor intelectual. Siempre tengo en la cabeza que toda víctima va a ser un victimario en potencia, y todo victimario fue una víctima en inicio. Y entonces siempre se articulan estos dos personajes tan claros y dejamos de un lado el poder anónimo, el poder abstracto, que es básicamente como ese dedo en la llaga, que es el que en verdad da la orden. Ninguno de los otros dos personajes se articulan o se caerían si no estuvieran sosteniendo sobre esta base, sobre qué es el verdadero poder. Esto es lo que me interesa de las relaciones de poder. Y ya lo podemos definir tanto como los conflictos que existen en mi país, como con temas económicos, o los temas que yo trato de la conquista, de la migración. Pero básicamente es la misma problemática: los mismos personajes aparecen en esos conflictos de poder, y los mismos conflictos de poder también aparecen por ejemplo en las relaciones entre Guatemala y España. Sea como sea, estas relaciones siempre se van a manejar en esos tres ejes. Y me interesa no definiendo que el malo es el malo ni el bueno es el bueno, sino que siempre es como una línea que se pierde en realidad. ¿Dónde está lo bueno y dónde está lo malo? No es una configuración tan clara: en cualquier momento la moneda se puede voltear.

YPS: ¿Es posible estetizar la violencia y el dolor? Es decir ¿se puede hablar de una poética de la violencia en relación a su obra?

RJG: Es imposible que la violencia sea poética. La violencia es oscura, es macabra, es perversa, es el odio profundo, el pozo profundo. Pienso que cuando estás hablando de obras que tocan la violencia o que tocan la muerte, más que hablar de la muerte, son pequeñas alegorías acerca de la vida. Uno no se tiene que dejar llevar por la primera imagen, o por la literalidad de las obras. Cuando yo hablo de la muerte, estoy tratando de hablar de la vida. Entonces, la poética existe en el valor de hacer un balance y de ver más allá de la muerte. Todo es un equilibrio, todo es un ciclo. Así que la violencia no es estética, la violencia no tiene una poética, pero ahondar en la violencia y encontrar los rastros de la violencia o las raíces de esa violencia, siempre nos va a llevar a cuestiones más profundas como la empatía y la vida. Ahí sí se encuentra la poética.

YPS: Y a modo de conclusión ¿qué persigue con su obra?

RJG: No tengo objetivos tan utópicos como cambiar el mundo o encontrar una nueva forma de vida. Lo que quiero es ser artista y ser consecuente con mis principios, ser consecuente con mi forma de vida, ser consecuente con lo que le estoy mostrando a mi hija, que es tan importante en mi vida. Es lo que hago con mi trabajo, lo que hago con mi vida, lo que yo pienso. Pero no tengo grandes aspiraciones más que hacer mi obra, más que el poder decirle a ella, a mi hija, que sí es posible querer ser algo en la vida y poder lograrlo. Y lo que quiero hacer en la vida es el tipo de trabajos que estoy haciendo en este momento.

Tenerife,  Noviembre de 2012.

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