A propósito de las “exposiciones de mujeres”

 

El pasado 13 de julio se inauguraba en San Martín Centro de Cultura Contemporánea de Las Palmas de Gran Canaria  + F. Artistas post-conceptuales en Canarias 2000-2017, exposición comisariada por Gopi Sadarangani, Mari Carmen Rodríguez y Cristina Déniz, que reúne la obra de cerca de cincuenta artistas, todas ellas mujeres -exceptuando la presencia de cuatro hombres que forman parte de parejas artísticas- que han desarrollado su obra entre los años 2000 y 2017. Las participantes tienen en común que son canarias, mujeres y artistas. La celebración de esta muestra pone de manifiesto que la visibilización de la producción artística y cultural de las mujeres sigue siendo un tema controvertido. Y es que, en este caso, como en otros muchos, los argumentos esgrimidos para justificar propuestas de esta índole no hacen sino ahondar en la segregación de las mujeres.

Primer argumento:Con estas exposiciones se visibiliza a las mujeres”. Las voces a favor de este tipo de iniciativas defienden que estas son válidas porque tienen como objetivo último la visibilidad de las mujeres. Se perciben como iniciativas enmarcadas en la discriminación positiva que siguen siendo necesarias porque los datos y estadísticas demuestran que las artistas están en una situación de desventaja en el sistema del arte. Se aboga así por la discriminación positiva como fórmula para visibilizar a las artistas, pero ¿hasta qué punto la creación de guettos puede contribuir a dar visibilidad a las mujeres en el sistema artístico? La creación de circuitos de exhibición exclusivamente femeninos ¿no vendría a reforzar la segregación femenina? ¿Hasta que punto la segregación es una estrategia válida para visibilizar? ¿Es bueno presentar a las artistas de forma aislada? ¿No supone esto un peligro? Las artistas son presentadas como mujeres antes que artistas. Al reducirlas a la categoría de “mujer” ¿no se está reafirmando la creencia en que las mujeres comparten características comunes en virtud de su sexo? Esto, obviamente, contribuye a ignorar, silenciar y anular la diversidad y heterogeneidad de la producción artística femenina, sin riesgos y sin debates, sin atender a sus trayectorias o a sus tendencias artísticas, desactivando el componente crítico que pudieran tener sus propuestas artísticas.

Segundo argumento: “Con estas exposiciones se reivindica el arte femenino”. Pero, ¿qué arte femenino? ¿Qué es el arte femenino? ¿Es un grupo, un estilo, un movimiento? ¿Por qué nunca oímos hablar de arte masculino? Y lo peor de todo: ¿por qué parece existir un consenso generalizado sobre las características de ese supuesto arte femenino? A saber: sencillez, detallismo, suavidad, temáticas cotidianas e íntimas, colores suaves, formas redondeadas,… Ya lo decía Linda Nochlin en los setenta cuando afirmaba que no existía ninguna particularidad específica en la obra de las mujeres, que no existían cualidades de feminidad para agrupar los estilos de las artistas. Evidentemente ser mujer puede influir en la producción artística, de la misma forma que puede influir la orientación sexual, la clase social, la raza, la educación o el lugar de nacimiento. La naturaleza femenina no puede determinar o dar forma a una práctica artística específica.

 ¿Cuál es el resultado de todo esto? El resultado son muestras colectivas en las que se mezclan trabajos muy diferentes, exposiciones en las que lo prioritario es que el sujeto creador sea una mujer, en las que quedan anuladas las diferencias, “exposiciones de mujeres” en las que no hay un discurso, ni tesis de fondo y cuya única justificación para agrupar bajo un mismo paraguas a artistas que nada tienen que ver, es el hecho de ser mujeres. Este tipo de proyectos tendría sentido si sus discursos y narrativas transitaran por la teoría feminista, si se tratara de exposiciones cuyas líneas discursivas partieran del feminismo y trataran temas de género.

Las “exposiciones de mujeres” hicieron su aparición en la década de los setenta en Estados Unidos en contextos reivindicativos y vinculadas a acciones de denuncia cuyo fin último era poner de manifiesto la escasa presencia de las mujeres en los museos y en las exposiciones colectivas. En nuestro país las “exposiciones de mujeres” surgen a finales de los ochenta en su mayoría vinculadas a las celebraciones del 8 de marzo y promovidas por las instituciones públicas.

Mientras se insiste en las colectivas solo de mujeres se pierden muchas oportunidades para normalizar, para reescribir la historia, para dinamitar el canon artístico en las retrospectivas que los museos y centros de arte le dedican a movimientos, grupos o tendencias de vanguardia. Pongamos algún ejemplo reciente: la exposición que a principios de este 2017 el Guggenheim de Bilbao le dedicó expresionismo abstracto americano, una oportunidad perdida para dar a conocer la obra de numerosas artistas vinculadas a este grupo. Solo 5 autoras entre los 33 artistas participantes en la muestra, con 9 obras de las más de 130 piezas que integraron la muestra.

Vaya por delante mi profundo respeto a los proyectos y exposiciones en las que solo participan mujeres. Es evidente que hay que visibilizar el trabajo de las artistas, de eso no cabe la menor duda, pero creo que ha llegado la hora de superar las “exposiciones de mujeres”, los cuartos para chicas -utilizando una expresión de la comisaria y crítica de arte Rocío de la Villa-. Si realmente queremos avanzar, si queremos una transformación real, hay que cambiar de tácticas dotando a estas exposiciones de un contenido feminista que cuestione el discurso patriarcal sobre el que se erige nuestra cultura. Pero, además, es necesaria y urgente la puesta en marcha de otras estrategias más inclusivas, estrategias que aboguen por la normalización y la integración de la producción cultural y artística de las mujeres en discursos artísticos renovadores y plurales que engloben todas las narraciones y las narrativas históricamente excluidas.

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4 comentarios

  1. Yo también pienso lo mismo.
    Ya va siendo hora que las mujeres salgamos del cuerpo dolor heredadado de la historia , el tema mujeres es automarginación . Escaso de argumento

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