Tabúes de la feminidad: la sangre menstrual

En las sociedades occidentales contemporáneas el cuerpo se muestra abiertamente, pero no ocurre lo mismo con sus fragmentos y fluidos. Existe un repudio generalizado a las funciones corporales de los sujetos, consideradas inmundas o antisociales al basarse en la expulsión de lo sucio. La orina, el semen, las heces, la sangre menstrual, el vómito atraviesan los orificios del cuerpo que separan el interior del exterior y lo que es expulsado se define como impuro y genera abyección, situándose lo abyecto en ese umbral que separa la interioridad corporal de su exterioridad. En Pouvoirs de l’horreur. Essai sur l’abjection  (1980) la semióloga y psicoanalista Julia Kristeva define lo abyecto como aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas, que aun siendo natural y estando relacionado con el sujeto y  su organismo, es rechazado y censurado por la sociedad. Lo abyecto se origina a partir de una sensación de repulsa hacia aquello que perturba la identidad y se erige en algo de lo que el individuo debe deshacerse.

Judy Chicago, Red Flag, 1971. © Judy ChicagoLa presencia o alusión a los fluidos corporales en las prácticas artísticas contemporáneas ha contribuido a dotar de valor estético a lo abyecto. Vinculada a una redefinición de lo femenino basada en el cuerpo y lo biológico, la categoría de lo abyecto fue incorporada por muchas artistas feministas de los setenta a sus obras por su potencial para trastocar la identidad y cuestionar el orden del sujeto y el orden de la sociedad patriarcal. Como afirma Julia Kristeva lo abyecto “está del lado femenino; está en oposición al orden de lo simbólico regularizado patriarcal”. Así, en la década de los setenta, en el contexto de las luchas de los movimientos de liberación de las mujeres asistimos a la alianza entre el arte feminista y la sangre menstrual. La primera generación de artistas feministas se interesó por todo aquello que revelara la esencia de la feminidad. Defendieron la existencia de una sensibilidad específicamente femenina que asociaron a la experiencia corporal de las mujeres. La esencia de la feminidad la vincularon a experiencias  biológicas  femeninas como la maternidad y la menstruación. Estas artistas desvelaron abiertamente el cuerpo de la mujer, exponiéndolo a una mirada, la femenina, iniciando así la exploración de la imaginería de la vagina y la menstruación, en una búsqueda en la que se toparon con uno de los tabúes de la feminidad: la sangre menstrual.

Una de las primeras artistas en presentar la sangre menstrual en sus obras fue Judy Chicago. En Red flag (Bandera roja) fotolitografía  del año 1971, Chicago muestra un primer plano de su cuerpo desnudo de cintura para abajo, extrayéndose un tampón manchado de sangre. Al mostrar la extracción de un tampón ensangrentado de su vagina, la artista intenta cuestionar el ideal estético del cuerpo femenino como algo sellado y hermético y desenmascarar el tabú de la sangre menstrual, normalizando los fluidos corporales. Red flag revela el secreto que esconde un idealizado exterior: el fluido abyecto que se escapa del interior del cuerpo femenino.

Menstruation Bathroom from Womanhouse, 1972

Tras Red flag, Chicago desarrolla en 1972 Menstruation Bathroom (Cuarto de baño de la menstruación) una instalación que formó parte de la Womanhouse en Los Angeles. Diseñada por Judy Chicago, esta instalación aborda de forma directa y sin tapujos el tabú de la menstruación al mostrar un cuarto de baño blanco, limpio, con estanterías repletas de productos destinados a la contención del flujo menstrual. Un lugar impoluto a no ser por una papelera repleta de compresas usadas  que rebosan sangre menstrual. Para Chicago los sentimientos que provocaba esta imagen estaban directamente conectados por las impresiones que generaba en las mujeres la experiencia de la propia menstruación.  Ese mismo año Carolee Schneemann presenta Blood work diary, una obra inspirada en una experiencia personal -la reacción negativa de un amante al ver sangre menstrual durante un encuentro sexual- en la que, a modo de diario, la artista presenta una serie de pañuelos de papel manchados con su sangre menstrual seca y dispuestos de forma ordenada en cinco paneles.

Schneeman - blood work diary 1972Estas y otras obras se erigen en acciones políticas de resistencia con las que las artistas feministas visibilizaron a través de su propio cuerpo un tabú que históricamente ha pesado sobre las mujeres, algo que permanentemente ha sido invisibilizado, ignorado y estigmatizado. Artistas como Chicago y Schneemann atacaron el mito de la impureza de la menstruación para presentar lo oculto y lo impuro, convirtiendo lo prohibido en protagonista de la representación. Transgredieron los ideales estéticos del cuerpo femenino, traspasaron sus límites revelando su interior y evidenciaron que este no era algo perfectamente acabado y sellado.

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