Antonia Bacallado o el acto de dibujar

Texto incluido en el catálogo de la exposición “Confluencias. Juan Pedro Ayala  y Antonia Bacallado”, Círculo de Bellas Artes  de Santa Cruz de Tenerife (del 15 de septiembre al 28 de octubre de 2006); Gabinete Literario de Las Palmas de Gran Canaria (del 9 de febrero al 4 de marzo de 2007). 

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Sin título, técnica mixta/papel, 100 x 70 cm.

“Constelación del deseo y de la muerte/ fija en el cielo cambiante del lenguaje/ como el dibujo obscenamente puro / ardiendo en la pared decrépita”.  Octavio Paz

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Sin título, técnica mixta/papel, 22 x 39 cm.

El acto de dibujar es para Antonia Bacallado un proceso en el que afila la mirada para penetrar en su realidad y descubrirle las entrañas. Una vez apresadas y descompuestas, están listas para ser rehechas y exhibidas. En sus obras, de sutiles ecos surrealistas y regusto onírico,  nos presenta un mundo de figuraciones dotado de espacios vacíos cargados tensa y dramáticamente, con fondos sin adornos escenográficos, a veces alterados por la presencia de elementos alusivos al medio natural de las Islas. Apartados de su entorno y sin ninguna realidad que los perturbe, los personajes que moran en este universo de alianzas extrañas y oposiciones tajantes, aparecen cargados de gestualidad contenida, en ocasiones inmersos en una inmovilidad que puede resultar amenazante. Sorprende la energía de unos dibujos violentos, sarcásticos, angustiosos y compasivos pero siempre intensos, con composiciones de expresión cortante que no rehuyen la fealdad, en las que queda patente la ferocidad del trazo y el encarnizamiento al que es sometida la figura humana.

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Sin título, técnica mixta/papel, 30 x 49 cm.

El rostro aglutina lo psíquico y lo físico, sin embargo muchos de los personajes que habitan el universo de Bacallado carecen de rostro, lo ocultan, o permanecen con los ojos cerrados en un intento por no ver lo que les rodea. Otros los mantienen exageradamente abiertos, casi sin querer pestañear para no perder ni un solo detalle, conectándose con el mundo y en definitiva con la vida. Y es esa experiencia vital la que queda impresa en sus cuerpos como si de una huella se tratara, cuerpos metamorfoseados, volátiles y ligeros que gravitan, mutilados y manipulados, entregándose al acto amoroso en un intento por poseer el cuerpo del otro como una totalidad que sin querer se torna fragmento: los labios, un ojo, la mejilla,…

Frente a estas provocativas imágenes el espectador se convierte en voyeur,  observando desde el anonimato las uniones sexuales de parejas que viven el coito sin ocultamiento, siendo testigo directo de los juegos carnales de hombres y mujeres que fijados en un profundo abrazo, se entrelazan reduciéndose, con rostros impasibles, al movimiento erótico. Estos desnudos arrebatados gravitan en el espacio sumidos en un placer reforzado por el ímpetu y el movimiento.  Cuando no se abandonan al acto sexual, las dinámicas figuras femeninas, dotadas de una portentosa presencia corporal, nos desafían en primer plano, mientras los personajes masculinos parecen emerger del fondo transformados en sombras incompletas. Esta atracción por lo erótico y lo sexual se convierte para Bacallado en un campo para experimentar la alegría y la vitalidad, pero también en un vehículo para construir y deconstruir su identidad a través de la revalorización de ciertos aspectos de la experiencia corporal de las mujeres, ofreciendo unas imágenes de la sexualidad femenina y unas representaciones del cuerpo de la mujer no filtradas por la mirada masculina.

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Sin título, técnica mixta/papel, 33 x 49 cm.

Bacallado perfora galerías en su subsuelo psíquico para revelarse a sí misma, pero también para mostrarnos un fragmento de nuestra intimidad, una parte de nuestro ser, la parte más oculta, la más escondida, la más frágil y por eso quizás la más poderosa. Así, la infancia, la niñez está presente en sus dibujos convertida en metáfora de la fragilidad humana, de nuestra parte más vulnerable, de la más desprotegida, la que cargamos en un saco y protegemos para que no sea lastimada. Alusión sutil y a la vez búsqueda intuitiva de la infancia perdida para la inteligencia pero también para los sentidos. La presencia de esa fragilidad se percibe incluso en el soporte utilizado: el papel, muy sensible al exterior, pero que permite a la artista dar rienda suelta a su preocupación por las texturas y por las propiedades tanto táctiles como visuales de la obra, prueba además de la actitud instintiva y a la vez empírica con la que se enfrenta al papel, como lugar de revelación de todo lo que acontece y conforma su particular universo.

Los dibujos de Antonia Bacallado, tiernos y alegres pero crueles a la vez,  forman parte de una obra precisa, llena de lirismo, rigurosa, austera y pasional. Una obra dispuesta a crear un choque, una reacción y un contacto con quien la contempla, sorprendiendo por su insólita fantasía pero también por la obsesiva intensidad que supura.

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Sin título, técnica mixta/papel, 24 x 31 cm.
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