Campos de batalla. Mireia Sallarès

Kao malo vode na dlanu/ Cómo un poco de agua en la mano. Un proyecto sobre el amor en Serbia © Mireia Sallarès.
Kao malo vode na dlanu/ Cómo un poco de agua en la mano. Un proyecto sobre el amor en Serbia © Mireia Sallarès.

Mireia Sallarès (Barcelona, 1973) ha hecho de la praxis artística su forma de vida y de lo imprevisible su método artístico, concibiendo el arte como un espacio de relaciones en el que todo está en tránsito y en continua transformación: las personas, las fronteras, los conceptos, la identidad.  Le atraen los proyectos difíciles y complejos, las batallas perdidas. “Tu cuerpo es un campo de batalla” (“Your body is a battleground”) señalaba un icónico cartel del arte feminista con el que la artista Barbara Kruger reclamaba en 1989 el derecho de las mujeres sobre su propio cuerpo: el cuerpo físico pero también el vivido. Para Sallarès también el cuerpo es un espacio de lucha y resistencia en el que se acumulan placeres, deseos, anhelos, comportamientos, experiencias sociales, vivencias y problemáticas condicionadas por la raza, la clase, el género, la orientación sexual o el estatus económico y social.

Las Muertes Chiquitas © Mireia Sallarès.
Las Muertes Chiquitas © Mireia Sallarès.

Sus proyectos artísticos transdisciplinares los construye alrededor del concepto de vida vivida, que ella misma define como “aquello que cada uno hace con lo que la vida le da y con lo que la vida le quita, y que la UNESCO debería declarar Patrimonio Universal de la Humanidad”. Es este el tema central de su obra a partir del cual derivan otros muchos: el trabajo, el amor, el dolor, el placer, la verdad, la violencia o el poder. Algunos de estos conceptos fundamentales son recopilados por Sallarès en su “Trilogía de los conceptos basura” y ubicados, a través de la práctica del pensamiento situado, en territorios extremos para propiciar su resignificación. En sus proyectos emprende procesos de investigación de larga duración, abiertos a lo inesperado, a la experimentación y al error con la experiencia vivencial como vía de conocimiento: necesita hacer para entender defendiendo que la verdadera conceptualización es siempre posterior a la práctica. Conocer mundo es para Sallarès una forma de conocimiento personal que tiene su origen en la inseguridad y vulnerabilidad que le otorga sentirse siempre extranjera, una condición contemporánea que para la artista nos atraviesa a todos. Así, esa condición de extranjería, la convivencia, la implicación y la empatía son una parte inherente a su trabajo. De ahí su empeño por viajar, en tránsito continuo, para salir a buscar historias de vida que registra empleando el video como herramienta para la narración pero a su vez para la investigación antropológica y sociológica. Historias como las de las 30 mujeres a las que entrevista en México acerca de sus experiencias en torno al orgasmo (Las Muertes Chiquitas, México, 2006-2009); las de los serbios supervivientes de la Guerra de los Balcanes, los refugiados y los ex obreros de las fábricas comunistas que sobreviven en los márgenes de las fronteras europeas y al margen del capital  (Kao malo vode na dlanu/Cómo un poco de agua en la mano. Un proyecto sobre el amor en Serbia, 2014-2018) o la historia de Zahïa, una inmigrante argelina que trabajaba vendiendo pizzas en las calles de la ciudad francesa de Valence y a la que la gentrificación expulsa del que había sido su lugar de trabajo durante 20 años (Le camión de Zahïa. Conversations après le paradis perdú,  Francia, 2001-2005). Vidas vividas y reales de personas, grupos, colectivos y especialmente mujeres,  con las que Sallarès establece una relación horizontal, entrelazando su vida con esas vidas en una narración que es también la suya propia.

Le camion de Zahïa. Conversations après le paradis perdu
Le camion de Zahïa. Conversations après le paradis perdu © Mireia Sallarès. Foto: Lisbeth Salas.

El trabajo artístico de Mireia Sallarès parte del convencimiento de que esas realidades e historias deben ser contadas, que la narración es un campo de batalla en el que narrar deviene en un ejercicio de resistencia frente a una sociedad injusta. Una sociedad en la que se hace cada vez más necesario el cuestionamiento del carácter unívoco con el que se generan los discursos dominantes, planteando relatos alternativos que deriven de experiencias singulares y que contribuyan a hacer más digna la experiencia humana. Ese parece ser el empeño de Mireia Sallarès.

 

 

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