Red-Hot de Yapci Ramos: del rito a la acción

img_1256A lo largo de la historia a la sangre menstrual se le han atribuido poderes maléficos. La mayoría de los mitos asociados a la menstruación –algunos de los cuales persisten en la actualidad- fueron ampliamente difundidos en Europa durante la Edad Media y se gestaron a partir de la Historia Natural de Plinio “el Viejo”. En esta obra el autor romano  afirmaba que ese “flujo curioso y pernicioso” poseía un enorme poder destructivo capaz, entre otras cosas, de marchitar cultivos, exterminar abejas, convertir el vino en vinagre, agriar la leche, volver locos a los perros o provocar abortos en personas y animales. Si un hombre durante un eclipse solar o lunar mantenía relaciones sexuales con una mujer que estuviera menstruando, podía contraer una enfermedad mortal. A la sangre menstrual también se le otorgaron propiedades curativas contra la fiebre, la gota o los mordiscos de perros rabiosos. En las sociedades primitivas las jóvenes eran sometidas a ritos muy severos el día de su primera menstruación. Por los estrictos tabúes menstruales eran obligadas, en ocasiones, a quedar expuestas sobre los tejados de sus casas o recluidas en cabañas fuera de los límites de sus pueblos, estando prohibido mirarlas o tocarlas durante ese tiempo. En la cultura aborigen de las Islas Canarias el temor hacia la sangre menstrual provocaba que a las jóvenes que menstruaban se las apartara del resto.  Al término de la menstruación debían realizar baños purificadores en el mar al existir la creencia de que el agua salada desinfectaba de las impurezas sexuales y poseía además un poder fertilizante. Estos lavatorios debían realizarse lejos de la mirada masculina pues los hombres tenían terminantemente prohibido asistir a estos rituales purificadores postmenstruales. ¿Siguen persistiendo estos mitos, creencias y tabúes en relación a la sangre menstrual? Lo cierto es que sí. En los anuncios de compresas y tampones, por ejemplo, se siguen ocultando las hemorragias mensuales de las mujeres y en sustitución de la sangre, el líquido que se emplea para demostrar la absorbencia de estos productos nunca es de color rojo, siempre es un líquido azul.

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En febrero de 2018, la videoartista y fotógrafa Yapci Ramos presentó en la Galería Catinca Tabacaru de Nueva York Red-Hot, una videoinstalación en la que habla abiertamente de la menstruación, trazando un camino hacia uno de los tabúes de la feminidad. El discurso de este proyecto emana de la fricción de las dos palabras que forman su título: en una carta de colores el red hot es el color que habitualmente se utiliza en publicidad, por ejemplo, en coches como los Ferrari, es el color asociado a la seducción, el que atrae todas las miradas, el que capta nuestra atención; pero “rojo” y “caliente” también es el fluido que todos los meses se escapa del cuerpo de una mujer en edad fértil. En Red-Hot la alusión a la sangre menstrual no sólo está en el título: Ramos emplea su sangre menstrual como tinta para escribir palabras sangrantes en la pared de su cuarto de baño, convertida aquí en un lienzo en blanco. Estas palabras a modo de grafemas primarios limpian y liberan a la artista en un proceso de resignificación: desnuda, Ramos traza grafías con sangre menstrual con la autoridad de un gesto augural, resignifica su identidad como mujer. Y lo hace en una acción casi coreográfica de movimientos enérgicos que se acrecientan con el sonido de la respiración en ocasiones acelerada de la artista, que entra y sale del plano fijo, o con el sonido de la mano, que repleta de sangre, golpea la pared y se desliza con fuerza sobre las teselas cerámicas para trazar las letras que van formando palabras. El chorrear de la sangre sobre la pared, las variaciones que presenta la iluminación del cuarto de baño –a veces cálida, otras veces fría- , las uñas de la artista –a veces pintadas y otras no – o el color de la sangre – que varía de un rojo intenso en unos casos o más oscuro en otros, dependiendo del mes- evidencian el paso del tiempo, de los días, de los meses, de los dos años en los que Yapci Ramos realizó Red-Hot.

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Las conexiones de Red-Hot con algunos trabajos de Ana Mendieta  – Blood Sign #2/ Body tracks – son evidentes: ambas artistas emplean sangre para escribir – también para dibujar en el caso de Mendieta- y sus obras remiten a lo ritual, pero mientras Mendieta emplea sangre en acciones que aluden a rituales de sacrificio, Ramos utiliza su propia sangre menstrual en un ritual de purificación. El cuerpo de Mendieta simboliza el cuerpo de la víctima, el cuerpo que deja huella;  el de Yapci Ramos, también desnudo, es el cuerpo liberado a través de la purificación, un cuerpo que reivindica su sexualidad. La desnudez en Red-Hot  está exenta de erotismo y se aleja de toda vulnerabilidad. Ramos es un cuerpo: el cuerpo creador de la artista, pero al mismo tiempo es un cuerpo desnudo femenino. Sin embargo, niega la condición de objeto a la mirada masculina, descategoriza el cuerpo de la mujer como objeto, subvierte la mirada del varón y evita la fetichización de su cuerpo con la movilidad que imprime a la acción al entrar y salir constantemente del plano fijo. Yapci Ramos se reafirma, se significa, incluso determina la forma en la que es experimentada por el espectador. Un espectador que se enfrenta a la obra al mismo nivel: la figura de Ramos aparece a tamaño natural y ambos  -artista y espectador- comparten el mismo espacio físico pero no el mismo espacio temporal. Este hecho contribuye a atenuar la incomodidad que puede llegar a sentir un espectador masculino, al asistir como un voyeur a una acción íntima en un lugar íntimo.  Pero la incomodidad también reside en el tema: el espectador masculino es confrontado ya no con un cuerpo femenino desnudo que puede fetichizar: ahora la superficie aparentemente hermética y sellada de ese cuerpo se ha abierto y revela sus fluidos interiores.

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Red-Hot es una videoinstalación cruda, formal y conceptualmente. Su potencia visual reside en el concepto y en la forma en la que este se materializa: a través de un fluido orgánico como la sangre menstrual.  De este modo, los sentimientos que provoca están directamente conectados por las impresiones que genera en cada uno de los/as espectadores/as la menstruación como experiencia propia, o la menstruación como tabú femenino y experiencia ajena.

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